viernes, 18 de noviembre de 2011

Diez semanas!

Células epiteliales, algunas plumas, algunos restos, pero todos... sin vida. Ese fué su final y quizás como alguno dijo, el principio de otra cosa. Quizás su vida mística, quizás una reencarnación o simplemente para él, la muerte de una paloma.
La vida es simple, pero podemos complicarla a nuestro antojo, sin poner fin a la tuerca que hace que se complique podemos devanarnos los sesos hasta hacernos daño, pero bueno... siempre hay un termino medio en el que todo fluye.
Volviendo de nuevo, miró esos restos, como era costumbre desde que había hecho acto de presencia aquel grupo de jardineros, la paloma había desaparecido. Por tanto solo quedaba lo que dije al principio. Restos que nadie observaba, que pasaban desapercibidos, solo visibles para sus ojos. Mirados con una mezcla compuesta por curiosidad, desdén y algo de sentimiento místico. Sus pensamientos se centraron en este último punto. Sería verdad que la muerte de aquel ave columbiforme había coincidido con el cambio de etapa, con la llegada del barco a nuevo puerto... ¿sería verdad?, se pregúnto. Duraba aquél pensamiento aún en su cabeza cuando de repente, un par de metros delante de él, apareció otra paloma, ¡esta vez con vida!
Sorpendido ante aquello, intentó espantarla, podría ser para espantar con ella esos pensamientos místicos tan raros en él. Pero lo que mas le sorprendión no fue su presencia, ni los pensamientos, fué que el animal no voló. Se mantubo a su lado, como buscando compañia, como tratando de darle un mensaje, como con deseos de decirle: "Oye, piensa en ello. No abandones el misticismo".
Sin duda, consiguió su objetivo, la paloma dejó su mensaje. Hizo que mientras abría la metálica puerta pensara en ello. Cuando pulsó el botón del elevador algo le rondara por la cabeza y cuando volvió a girar la llave, esta vez en la puerta de madera... tambíen el pensamiento volvió. Algo se disipó de su cabeza cuando cortésmente saludó a Arbequín Grinpón y desapareció totalmente cuando abrió la pueta de la habitación.
Que contraste tan grande hubiere ocurrido cuando las ideas místicas hubieran topado con aquel lugar tan acogedor pero lleno de tanta carga sexual y frívola. Por tanto los pensamientos no pudieron entrar...
Ahí se quedaron, esperando, aletargados, sin molestar y sin ser molestados. Dispuesto a aparecer en la próxima incursión por la ciudad. Tal que así fué, lo acompañaron durante varios dias, haciéndole recordad a aquel tipo que le proporcionó aquella carga ascética. Se acordaba de él, de aquella llegada, de cómo podía transmitir sus pensamientos y así darle escape a todo aquello que rondaba su cabeza.
Pues bien, con las líneas que el escribió o mejor dicho que está escribiendo, sin duda les dió salida. Y no solo a ese concreto pensamiento sino a todo un cúmulo de ideas y formas de entender las cosas. Pues son ya diez, quizás un número con mucho significado par él, diez que hacen que se pueda resumir la estancia, siempre con un tono positivo, valorando cada instante vivido y dando gracias a todo lo agraciado. Como viene siendo de costumbre a todo lo aprendido y descubierto por meritos propios o con ayuda externa, pero al fin y al cabo descubierto...
Dejó de llover, pero el agua seguía fluyendo, volvió a mirar a su abuelo y sonrío. Esa sonrisa que solo entienden los abuelos, esa sonrisa que solo sale de un nieto. Esa sonrisa que el abuelo entendió como fruto de sus enseñanzas, esa sonrisa que quería decir suavemente: dejémosla correr, pronto la alcanzaremos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ocho semanas!

Fluir, manar con cierta facilidad. Esta vez no por la acción de la gravedad sino por el discurrir de los acontecimientos. Parece una lenta melodía, que se viene escuchando de lejos, muy suave y armónica pero que aumenta su intensidad a cada metro, a cada palabra y a cada acto.

Cada acto improvisado, que dado lo que provoca, parece premeditado. Como urdido previamente. La consecución de algun designio, que aunque incierto, yo se muy bien cuál es, el fin último. Lo que los astrónomos llamarían el cénit.

Ahora es igual cúando y cómo sea, ahora lo que importa es que siga fluyendo, que ese hilo, pequeño pero incesante, siga discurriendo como alentado por ánimas que saben muy bien el devenir que alcanzará.

Puede ser un acto de imaginación, de creación mental, de hecho lo es. Pero siempre sustentado en lo que ya he vivido, en lo que sentí y pude comprobar tras un periodo, quizás mas corto pero igual de yermo que el que me precede ahora.

Así que nada me frena al pensarlo, nada me para en seguir por ese cauce, en seguir dejándome llevar por la corriente que yo mismo he provocado y que en parte gracias a la Brisa continúa rivera abajo. Es más me anima a seguir, este mismo hecho me da fuerza y vitalidad para todo lo demás. Sé que soy un hombre fácilmente ilusionable, pero no lo veo en absoluto como un aspecto negativo de mi, sino como algo que me da alegría y ganas de seguir siéndolo.

Continua el agua, continuan esas ánimas alentando mis deseos, continua su sonrisa viniendo a mis ojos. Esa sonrisa que respondió a la primera pregunta, esa sonrisa que hizo surgir la pregunta, no es ni más ni menos que el génesis de mucho.

Continua el agua, déjala fluir le dijeron. Y siguió fluyendo, que como el abuelo dijo al joven niño. Aún queda mucho camino y seguiremos caminando junto al rio. Ya beberás mas tarde...
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