Hoy la música seguía sonando, nadie la paró. Seguía sonando pero más bajita, más flojita, a menos decibélios. En este momento no es necesaria la euforia, ahora toca abrir el pecho a golpe de recuerdo y sacar de sus duras entrañas la sensación que le llevó a tomar la decisión, esa decisión que se tomó justo antes de llegar a las Escaleras.
La decisión era no olvidarlo, poner un dique de memoria para que aquella sensación no se viera inundada por el olvido. De hecho este es el dique, ahora se materializará en puntos sobre una pantalla la seca sensación.
Formal, ajado, impertérrito, realista, enérgico y duro. Esta fue la progresión de la actitud que tomó al dirigirse a aquel niño, ese niño inocente que creía saberlo todo. El niño no era culpable, el niño era un niño y por tanto valiente, sobervio y egocéntrico, nada diferente de lo que todos fuimos... Pero la áctitud, no tenía nada que ver con la culpabilidad y por tanto tomó esa ascendencia en cuanto a su dureza.
El motivo de aquella dureza era una lucha de poder, el mismo motivo de casi todas las mierdas que tenemos que soportar día a día. El maldito poder, el poder... El poder con el que todos queremos bailar el Vals de media noche, con el que todos queremos acostarnos, pero con el que nadie quiere levantarse. Por las mañanas preferimos otras cosas...
El niño se sintió grande y quería demostrar su frágil fortaleza. Lo consiguió, tras las duras palabras, tras las realistas palabras, el niño no se vino abajo. Mantenía las cejas en su sitio y los labios en paralelo al techo de su habitación. Ni una lágrima, ni un mal gesto, solo negatividad y ansias de demostrar su frágil fortaleza. Como esto era una lucha de poder, las actitudes ascendieron con el tiempo hasta tornarse duras y atragantarse en las gargantas de los cuatro allí presentes, pero ninguno movió ficha.
Todos hablában, aunque ninguno escuchaba. Todos reprochaban actitudes, aunque ninguno fuera fiel a ellas. Todos daban lecciones moralistas, aunque ninguno moralizaba. ¿Está acaso capacitado un ladrón para dar lecciones de propiedad privada? o quizás, ¿está una prostituta capacitada para dar lecciones de castidad? o en último término, ¿está un suicida capacitado para dar lecciones de esperanza? Lo están, como el que más, pero su validez es otra cosa...
Por eso, que el niño demostrara su frágil fortaleza siempre, era otra cosa... El niño se derrumbó, vió desaparecer mi dureza tras aquella puerta automática del ascensor. Se cerró la puerta y sus lacrimales se abrieron, comenzó a llorar, yo no lo ví, no me hizo falta verlo...
Su madre se encargaría de asomarse al balcón, y con un gesto bastante descriptivo, me informó de la caída de aquel pequeño gigante. Un niño valiente, inteligente y que se conoce más de lo que muchos adultos desearían conocerse en su vida. Un niño, no más. No le hace falta más para ser tan grande...
Y bien, ahora el recuerdo está intacto, mis sensaciones de aquel momento están vivas y mis ganas de enseñar a ese niño que la valentía se tiene que tener en la cabeza, pero no se debe mostrar, aún están mas vivas. Ese niño no solo me ha dado dos cromos...
Ese niño entre otras cosas, me ha hecho reflexionar que la Dureza, no está en la intensidad de la voz, sino en la intensidad de las palabras, en unas duras ideas.
Otro niño, esta vez, el nieto. No preguntó nada, ni siquiera se preguntó porqué la música ya no sonaba... Tan solo, volvió pulsar el botón, volvio a escuchar la música. Sonaba "En mi nueva vida" y como 36 semanas, son nueve meses en mi nueva vida, algo ha nacido...
Y si nace... Déjalo volar...
ResponderEliminarMe recuerda mucho a esta canción el texto
http://www.youtube.com/watch?v=6DDCu5HOmyg